Desde los comienzos del Instituto, la educación fue expresión privilegiada de nuestro carisma...Santa Rafaela María y su hermana Pilar la entendieron como pedagogía del corazón. Esta fuerte intuición de nuestras Fundadoras se hizo realidad en un estilo educativo capaz de dar la mayor importancia a la persona -imagen de Dios- y formador de los valores que brotan de la Eucaristía: la fraternidad, la justicia, la solidaridad, la paz...Una educación eficaz, que promoviera a los más pobres, a la mujer, para facilitar en todos una respuesta libre y comprometida a Cristo en la Iglesia...es decir, ser testigos del evangelio en la sociedad.
Hoy realizamos nuestra misión educadora junto con los laicos, con una mirada de esperanza que ofrece como meta la calidad académica para todos y el ambiente adecuado para el desarrollo personal. Queremos seguir recreando en nuestras instituciones educativas -formales y no formales- un ambiente de respeto, alegría, reconciliación, perdón y fiesta; que busque el encuentro entre las personas y la inclusión en el sistema educativo...
En este mundo en cambio, tenemos la profunda convicción de que la educación sigue ofreciendo muchas posibilidades de formar personas responsables, motivadas para colaborar en la construcción de la sociedad -local y global- más humana y más fraterna y abiertas a la grandeza de su vocación en Cristo. |